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DE LAS PUERTAS DE SER ABORTADOS HASTA SU BAUTIZO
[Publicado en La Tribuna de Toledo, 27 de marzo de 2016]



     Cuando una mujer se plantea “que su hijo no viva” algo está fallando en su vida. Las mujeres que abortan a sus hijos no son una clase social o económica determinada, simplemente ellas “deciden” porque la ley les ampara. Como es legal, se puede hacer.   Esta es la situación actual que vemos cada día en las puertas de los abortorios. Estamos 24 horas, 365 días del año. Así se podría definir la asociación MásFuturo-Rescatadores Juan Pablo II. A las mujeres que “salvamos” de las puertas de los abortorios las ayudamos después en la asociación, incluyendo a sus hijos, familia y entorno social. Nos orgullece pensar que somos el grupo de rescatadores más grande de Europa: más de 800 voluntarios han pasado por la escuela de “rescates”, el 80% jóvenes. Muchos están fuera de España y desde allí hacen rescates también. Cuando una persona decide que, después de salir de un examen de la universidad, lo mejor que puede hacer es rescatar bebés, o un economista después de madrugar toda la semana va a las puertas del abortorio a las 8 de la mañana de un sábado, cada Vida que salvamos nos merece la pena. No son conocidos, no “salen en la tele”, pero si son Famosos para Dios.

     Cada uno de los niños rescatados arrastran una historia. Algunas de las madres acaban de cumplir su mayoría de edad. Ellos son uno de los 1.823 bebés salvados desde que se creó la asociación MásFuturo-Rescatadores Juan Pablo II. El día de su bautismo es un día de fiesta, el duro trabajo en las puertas de los abortorios nos trae esta jornada maravillosa. Es difícil que ellas quieran hablar. 11 bebés rescatados de ser abortados se acaban de bautizar. Algunas historias se quedarán un nuestro corazón.

     A Diego le diagnosticaron un 90% de probabilidades de nacer con malformación. Todos los médicos le aconsejaron abortarlo. Pero su madre se encontró con dos Rescatadoras en la puerta de un abortorio de Madrid. Ella parecía muy segura de que no lo quería. Estaba de 6 meses de embarazo. Poco a poco empezó a escucharnos. Se había tomado ya las pastillas que inician el parto para matarlo. Pero, contra todo pronóstico, el destino de Diego era vivir. Ya en MásFuturo decidió seguir con su embarazo. Hoy es un bebé precioso, normal, y para su madre es el “preferido de todos”.
     
     Rescatar a Ismael no fue difícil, su madre iba a entrar en el abortorio que llamamos “El Cementerio” el pasado mes de agosto. Calor, cansancio y ni un atisbo de sombra. Cuando ya nos íbamos a casa nos cruzamos con ella. Nos escuchó muy callada. Nos dejó su teléfono. Y no entró.

     Alejandra, la rescatadora que nos pasó el número de teléfono de Anita nos repetía continuamente que había conseguido que no entrara en el abortorio, pero que estaba muy sola, y que en cualquier momento podía abortar. Quede con ella en las puertas de donde se tramitan los abortos en la Comunidad de Madrid. Le falta mucho amor en su corta vida. Hoy es una chica muy feliz, alegre, con sus dos niños. Se ha hecho a sí misma y le da tiempo a estudiar y trabajar. Nos tiene admirada. Está muy ilusionada con el bautizo de su niña.
Melanie es muy joven. Cuando la conocimos iba con otras dos amigas que estaban dentro abortando. Ella estaba fuera esperando su turno. Pero el Rescatador la convenció de que nos escuchara primero. Muchos domingos de plantones y muy difícil. Toda la familia a favor de que abortara, su instituto también. Ahora no se separa de su niña. Nos consulta todos los pasos de su complicada vida que, poco a poco, ha conseguido enderezar. Siempre se apunta a todas las catequesis. Y eso que su familia no es católica.

     Eli iba por la cuesta de un abortorio pidiendo una señal que le indicara qué debía hacer. Se encontró a unos universitarios Rescatadores Juan Pablo II repartiendo folletos de ayudas para embarazadas. Tres hijos en su país, sin trabajo, sin apoyo. Hoy trabaja mucho, y su bebé es el más bueno de todos. Nos envió a una locutora de su país con 7 abortos en su vida, este iba a ser su octavo hijo muerto. Nos entrevistó para una televisión extranjera, ella casi no preguntaba, solo escuchaba. Ahora, por fin, es madre de un hijo vivo. Como ella dice: “vosotros salvasteis a mi hijo, pero me rescatasteis a mí”.

Marta Velarde Mayol
Doctora en Física
Presidenta asociación MásFuturo-Rescatadores Juan Pablo II




ES YA UN HOMBRE AQUEL QUE LO SERÁ ...
[Publicado en La Tribuna de Toledo, 20 de marzo de 2016]

     Jerome Lejeune (1926-1994) fue un médico y genetista francés que, en el año 1958,  descubrió que el Síndrome de Down se debe a un error en la dotación cromosómica, de modo que los niños que lo poseen nacen con 47 cromosomas en lugar de 46, debido a la presencia de 3 ejemplares del cromosoma 21 en lugar de los dos de la dotación usual. 
     Todo descubrimiento del tipo del que hizo el Dr. Lejeune constituye un paso hacia el conocimiento que, bien dirigido, puede traer nuevas aportaciones y hacer algo en favor de los sujetos implicados. Por ello, Lejeune creía firmemente que con su contribución a la ciencia se abría la puerta a la esperanza de la solución de este síndrome.
     Decía el conocido ensayista inglés C. S. Lewis, autor entre otras obras de las Cartas del diablo a su sobrino o Las crónicas de Narnia, que: «Lo que llamamos el poder del hombre es, en realidad un poder que poseen algunos hombres, que pueden permitir o no que el resto de los hombres se beneficien de él». El caso es que a finales de los años 60, Lejeune vió horrorizado cómo en los Estados Unidos y, más tarde, en Francia, se imponía la idea de emplear el “diagnóstico genético prenatal” como una herramienta para practicar el aborto eugenésico. El análisis de algunos marcadores bioquímicos en la sangre de la madre o de la dotación cromosómica en células fetales durante el embarazo informaban sobre un posible bebé con síndrome de Down. A raíz de ello, Lejeune señaló «Que esta negación de la medicina –de la hermandad biológica que une a toda la familia humana– pueda ser la única aplicación práctica de nuestro conocimiento sobre la trisomía 21, es profundamente desalentador». Lo cierto es que hoy más del 96 % de los bebés no nacidos a los que se les detecta la trisomía 21 son abortados. 
     Por ello, hay que volver a la cordura y recordar que la vida humana se constituye en el momento de la concepción, cuando está determinado genéticamente cada detalle biológico del nuevo ser, cuando está constituida la “identidad genética” contenida en el ADN que nos acompaña de por vida, cuando queda establecido el sexo (XX, mujer; XY, varón) y cada detalle de información contenida en los genes. Decía también Lejeune, como nos recuerda su hija Clara en el libro de su biografía “Dr. Leujene. El amor a la vida” (Ed. Palabra, Madrid 1999) que «La genética moderna se resume en un credo elemental que es éste: en el principio hay un mensaje, este mensaje está en la vida y este mensaje es la vida». Hoy, a más de 10 años de la culminación del Proyecto Genoma Humano, que nos ha conducido a conocer más y mejor los genes implicados en el proceso biológico del desarrollo, sabemos cuánta razón tenía el Profesor Lejeune. La fusión de los gametos materno y paterno da lugar a un ente biológico nuevo. Se constituye el “cigoto”, la célula madre del nuevo ser que tiene un programa, una información genética propia. Esta célula sencilla constituye la primera realidad corporal del ser humano. La fecundación es el big-bang de la vida. A partir de esa célula comienza el desarrollo corporal, que se caracteriza por ser un proceso regulado genéticamente, continuo y de complejidad creciente.
     Como la verdad no puede contradecir a la verdad, el Papa emérito Benedicto XVI dijo lo mismo que dice la ciencia en una preciosa “Homilía por la Vida Humana Naciente”, que los asistentes tuvimos ocasión de disfrutar en la Basílica de San Pedro el 27 de Noviembre de 2010: «Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone en evidencia su autonomía  capaz de interacción con la madre, la coordinación de sus procesos biológicos, la continuidad  del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo fue para Jesús en el seno de María; así lo ha sido para cada uno de nosotros, en el seno de nuestra madre». A ello añadió esta sencilla pero descriptiva expresión: «Con el antiguo autor cristiano Tertuliano podemos afirmar que es ya un hombre aquel que lo será. No hay ninguna razón para no considerarlo persona desde la concepción».
     El catedrático de Filosofía del Derecho, D. Ángel Sánchez de la Torre, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación dice que: «El derecho a la vida es lo más concreto que existe. Ningún sistema jurídico que se precie de serlo puede convertir un delito en un derecho. El derecho es lo que es, y no lo que los políticos, ni siquiera los legisladores quieren que sea».
     Por todo ello, sobre la base de lo que sabemos por la ciencia, lo que creemos y valoramos éticamente y lo que, en consecuencia, debería ser protegido, no nos cansemos nunca de defender el bien más preciado que tenemos, la vida humana desde la concepción con el mismo énfasis con que se defiende la vida de un niño, un adulto o un anciano, aunque sea luchando contra corriente o contra una legislación profundamente injusta.

Nicolás Jouve de la Barreda
Doctor en Biología, Catedrático de Genética, Consultor del Pontificio Consejo para la Familia y miembro del Comité de Bioética de España.




APOSTAR POR LA VIDA, LA MUJER Y LA MATERNIDAD

[Publicado en La Tribuna de Toledo, 13 de marzo de 2016]



     El diccionario de la RAE define la palabra “progreso” de dos maneras: Mejora o avance que experimenta una persona o una cosa hacia un estado mejor, más avanzado o más desarrollado; Desarrollo continuo, gradual y generalizado de una sociedad en los aspectos económico, social, moral, científico, cultural, etc.

     “Me llamo Marta, tengo 23 años y estoy embarazada”. Así podría comenzar y de hecho comienzan muchos de los primeros encuentros entre las mujeres que acuden a Proyecto Mater y los profesionales y voluntarios que las atienden.

     Cuando una mujer en situación de dificultad descubre su embarazo, su estado de ánimo pasa por distintas fases: incredulidad, sorpresa, alegría, confusión, rechazo... Es un momento muy especial en la vida de una mujer; un momento en el que, como no podía ser de otra forma, debe sentirse apoyada y acompañada.

     Algunas de estas mujeres llegan a Proyecto Mater desesperanzadas porque la única opción que se les ofrece es el aborto: “No tengas un hijo más en tu situación”, “un hijo te va a complicar la existencia”, ”no es el momento”. ¿Qué es lo progresista en esta circunstancia? ¿Inducirle a acabar con la vida del hijo que ya está en su seno? ¿O, por el contrario y de acuerdo con la definición de la RAE, impulsar medidas, políticas, legislaciones que verdaderamente promuevan la maternidad?

     Por primera vez en dieciséis años, en 2015 el crecimiento vegetativo en España ha sido negativo. Todos sabemos que la baja natalidad conlleva disminución del número de personas que componen la población activa, envejecimiento progresivo de esa población activa, desequilibrios que obligan cambios en la política de jubilación, desequilibrios en la inversión y el ahorro a nivel colectivo y familiar, disminución en las rentas familiares disponibles, aumento del gasto sanitario de forma desorbitada, subutilización del sector educativo, desequilibrios en las estructuras familiares, aumento de la problemática de la socialización intergeneracional, posible quiebra del sistema de Seguridad Social, etc. ¿Por qué, sin embargo, no optamos, como sociedad, por la vida?

      Hace unos días, una de nuestras mamás nos decía entre lágrimas: “He ido al banco para consultar mi cuenta y no me han ingresado mi ayuda a la maternidad”. Sólo pudimos confirmarle que, efectivamente, la ayuda a la maternidad que durante el año pasado recibían las madres de nuestra Comunidad Autónoma sin recursos económicos no está disponible por el momento. Esta subvención de 150 € mensuales ha supuesto una gran ayuda para mujeres cuyos ingresos son mínimos o sencillamente inexistentes.

     Es hora de hacer compromisos firmes en apoyo a la mujer y a la maternidad. Una sociedad no puede progresar cuando el hecho de tener hijos se convierte en una carrera de obstáculos y se hace de este don precioso para todos algo prácticamente inalcanzable.

     La Iglesia Diocesana de Toledo ha querido poner su granito de arena en la promoción de la dignidad de la mujer embarazada en dificultades, y lo ha hecho a través de Proyecto Mater, una iniciativa que quiere salir al encuentro de las mujeres que necesitan apoyo económico y psicológico, ayuda en su formación y acompañamiento espiritual para hacer frente a esta maternidad que se ve rodeada de serias dificultades, que no son insalvables con la atención adecuada.

     Ver la sonrisa de felicidad con las que ellas nos reciben cuando ya tienen a su hijo en su regazo es la demostración más palpable de que merece la pena apostar por la vida, la mujer y la maternidad.
No hablemos de progreso para denominar lo que, en realidad, son retrocesos.  Progresemos, pero hagámoslo de verdad: apoyando la igualdad real de las mujeres en el mundo laboral; logrando la conciliación del trabajo y la maternidad; defendiendo la vida.

Balbina Rojas

Coordinadora de Proyecto Mater



ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA VIDA ANTE LA CULTURA DEL DESCARTE
[Publicado en La Tribuna de Toledo, 6 de marzo de 2016]


            Consideremos estas palabras del Papa Francisco: “las víctimas de dicha cultura (del descarte) son precisamente los seres humanos más débiles y frágiles –los nasciturus, los más pobres, los ancianos enfermos, los discapacitados graves…–, que corren el riesgo de ser descartados, expulsados por un engranaje que debe ser eficiente a toda costa” (7.12.2013). Comprobamos, una vez más, que lo que pensamos los que formamos la Iglesia sobre el aborto apenas ha cambiado desde los inicios del cristianismo: el aborto es un mal y hace daño a la humanidad. El óvulo fecundado por el espermatozoide implica la creación de un nuevo ser, con una carga genética propia distinta de la de la madre y el padre; un ser que,  de no se interrumpirse el proceso de gestación, nacerá como niña o niño, con sus propias singularidades. El embrión goza, desde la fecundación, de toda la dignidad del ser humano.

            Esta no es una afirmación fría, pues conozco de cerca lo que significa el aborto de ruptura interior. Precisamente la situación difícil de la mujer en la que está creciendo un ser humano vivo, un hijo, es la que explica muchas veces que se llegue a un aborto. Pero no se justifica. La mujer sufre con frecuencia una situación tremendamente injusta por soledad, incomprensión, situación económica precaria, falta de horizonte ante el conflicto de conciencia. Por esta razón, no vale sólo condenar el aborto sin más. Hay que afrontar el tema del aborto sin evasiones, de forma realista. Siempre me he preguntado: ¿conocen quienes legislan en favor del aborto las secuelas, por ejemplo, que soportan las mujeres que abortan?

            Con frecuencia he dicho a los católicos que debemos implicarnos en este drama del aborto, que rechazamos de plano. No valen únicamente las manifestaciones. Hay que dejar que afecte a nuestro corazón, hemos de dar nuestro tiempo en actividades “pro-vida”. También ha de afectar a nuestro bolsillo para logar una mayor formación en bioética, organizar la acogida, crear infraestructuras que no crearán los poderes públicos. El aborto no es tema para sólo lamentarse, sino para actuar con imaginación, amor y valentía. Las personas más afectadas son evidentemente las madres. Sí, las madres expuestas al aborto, las que han abortado y sufren el síndrome postaborto, y las madres que, valientemente, rechazan el aborto. Haberlas, haylas. Están ahí.

            Por otro lado, las madres que aceptan a sus hijos engendrados y todavía no nacidos son el antídoto más fuerte ante el individualismo egoísta. “Individuo –dice el papa Francisco– quiere decir que no se puede dividir”. Las madres, en cambio, se “dividen a partir del momento en el que acogen a un hijo para darlo a luz y criarlo”. Y una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana. Los hijos no son un problema de biología reproductiva, ni uno de tantos modos de realizarse. Los hijos son un don. Se ama a un hijo porque es hijo. Un hijo es un hijo; una vida engendrada pero destinada a él, a su bien; más aún, también destinada al bien de la familia, de la sociedad, de toda la humanidad.

            Para que los hijos engendrados sean amados antes de haber hecho algo para merecerlo, nuestra sociedad debe cambiar. En necesario que haya una verdadera cultura de la vida y de la familia, que ayude a las madres en riesgo de abortar. Por esto mismo son precisos hogares, profesionales, medios y, sobre todo, personas que acompañen, que acojan y proporcionen amor y valentía ante una nueva vida. En Toledo no sólo hay proyectos: hay realidades que están en marcha para acompañar a esas mujeres que afrontan el aborto con dignidad, sin engañarse. Ellas solas difícilmente saldrán adelante; pero con nuestra ayuda sí. Una de esas realidades es Mater, una acción conjunta de Cáritas Diocesana, la Fundación COF, la Delegación de Familia y Vida y el Secretariado de Pastoral de la Salud de la Archidiócesis de Toledo que busca tanto dar respuesta a las necesidades de las madres en riesgo de aborto y en situaciones de especial dificultad, como acompañar a las mujeres que sufren por haberse visto abocadas al aborto.

            Los retos que plantean la defensa de la vida y el rechazo de la cultura del “descarte” afectan a más colectivos, a más personas, como nos recuerda el Papa en las palabras con las que hemos comenzado esta reflexión. Nosotros, como Iglesia, no las olvidamos. 



+Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo. Primado de España